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“La Vejiga Llena Puede Provocar Infecciones Urinarias”

La desesperante sensación que sentimos cuando la vejiga está llena de orina no solo nos atormenta, sino que puede ser muy dañina para el organismo. Su origen está en varios tipos de receptores sensoriales (de presión, dolor, volumen y táctiles) localizados entre las paredes musculares de la vejiga. Cuando esta se va llenando más allá de los 150-220 mililitros, aunque varía según la capacidad de la vejiga de cada uno, estos receptores empiezan a

enviar señales.

Las consecuencias para el cuerpo dependerán, especialmente, de la frecuencia y la magnitud con las que se mantiene la vejiga llena. El problema radica en que por circunstancias diversas, el retraso de la micción llegue a ser algo más frecuente y cotidiano.

En este caso se ha comprobado que aparecen riesgos de padecer infecciones urinarias de la vejiga (cistitis), sobre todo en mujeres, pues cada vez que orinamos se produce una eliminación por arrastre de las bacterias presentes en la uretra, para evitar así la migración de estos microorganismos a áreas más profundas del tracto urinario como la vejiga.

Sin embargo, si la persona micciona con poca frecuencia y mantiene la vejiga llena durante bastante tiempo, las posibilidades de que las bacterias proliferen y migren hacia territorios como la vejiga se incrementan.

La razón por la que las mujeres son más proclives a este problema es una cuestión de tamaño, pues la longitud de la uretra femenina es notablemente inferior a la de la uretra masculina. Si la persona que mantiene con frecuencia su vejiga llena sufre infecciones urinarias también se enfrenta a otro problema, y es la formación de cálculos renales de estruvita (contienen fosfato, amonio y magnesio). Con cada infección urinaria las probabilidades de que se formen cálculos de este tipo aumentan, ya que las infecciones generan un escenario propicio para este tipo de pedruzcos.

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